El crimen que resolvió la ouija

El 6 de enero de 1994, mientras media España celebraba el Día de Reyes, un grupo de cazadores en el monte Enviande (parroquia de Souto, A Estrada) se topó con una imagen que parecía extraída de una pesadilla esotérica. Entre la maleza y bajo una fina capa de nieve, yacía el cuerpo de una mujer joven. No era un hallazgo cualquiera; la puesta en escena sugería algo mucho más oscuro que un simple homicidio.

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El hallazgo en el monte Enviande: ¿ritual satánico o crimen pasional?

La escena del crimen dejó a los investigadores y a los vecinos de Pontevedra en estado de shock. La víctima estaba descalza, con las manos cruzadas sobre el pecho y flanqueada por dos candelabros con velas gastadas a cada lado de su cabeza. Esta disposición, similar a la de un féretro, disparó inmediatamente las teorías sobre un ritual satánico o de magia negra en los montes gallegos.

A pesar de la parafernalia mística, la autopsia reveló una realidad más técnica y violenta: la joven había muerto por tres disparos, uno en la sien y dos en el cuello. Sin embargo, nadie en la zona la conocía y las huellas dactilares no arrojaban resultados en las bases de datos españolas.

Con una investigación estancada y un cadáver que nadie reclamaba, el misterio comenzó a rodearse de un aura sobrenatural. Ante la falta de pistas convencionales, se relata que uno de los investigadores decidió recurrir a un método poco ortodoxo: el espiritismo.

La sesión de ouija que cambió el rumbo del caso

Pontevedra. Foto: Luis Miguel Bugallo Sánchez

En la ciudad de Pontevedra, la médium Mercedes López Martínez llevó a cabo una sesión de ouija para intentar contactar con el espíritu de la desconocida del monte. Según las crónicas de la época, el vaso comenzó a moverse sobre el tablero dictando información que, en ese momento, parecía carecer de sentido pero que resultaría ser escalofriantemente precisa. Los datos que dio:

  • Un nombre: Rosa.
  • Un número de teléfono: El tablero señaló una serie de cifras que correspondían a un club de alterne en Valença do Minho, Portugal.
  • El transporte: Se afirmó que el cuerpo no había llegado al monte en coche, sino a lomos de un caballo, y que uno de los asesinos era un criador de equinos.
  • El móvil: El espíritu habría indicado que su muerte no fue un ritual, sino una represalia para silenciarla.

El nombre tras el misterio: Rosalía Gonçalves

Gracias a las pistas obtenidas, ya fueran fruto de la casualidad, la intuición policial o el tablero de madera, la Guardia Civil logró finalmente identificar a la víctima. Se trataba de Rosalía Gonçalves da María, una joven ciudadana portuguesa de 21 años natural de Braga.

club de alterne

En el club de alterne donde trabajaba era conocida bajo el seudónimo de «Paula». Rosalía no era solo una trabajadora del local; se había visto envuelta en una peligrosa banda de atracadores que operaba entre Galicia y Portugal, asaltando bancos y gasolineras.

La detención y la confesión: el «cariño» de los asesinos

asalto banco

La pista definitiva en el mundo físico fue un encendedor con una inscripción de Andorra hallado en el bolsillo de Rosalía. Esto llevó a la detención en Pamplona de Alfonso Iglesias y Fernando Murais, quienes planeaban huir hacia el pequeño país pirinaico.

Al ser interrogados, los asesinos confesaron el crimen. Rosalía quería abandonar la banda y había amenazado con delatarlos tras una disputa por el reparto del botín de un atraco en Codeseda. Respecto a los candelabros y la postura del cuerpo, los criminales dieron una explicación que heló la sangre de los presentes: no era un rito satánico, sino una «muestra de respeto y cariño» hacia su compañera.

Los culpables fueron condenados a 30 años de prisión. Sin embargo, tres décadas después, el caso de A Estrada sigue recordándose como aquel donde la frontera entre la investigación policial y el misterio de la ouija se desdibujó para siempre para hacer justicia a Rosalía.

¿Dónde ocurrió el crimen de A Estrada?

Monte Enviande, , 36684 Enviande (Pontevedra) España Cómo llegar
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