El «Príncipe de otro planeta» que cautivó a cientos de niños

El líder de esta organización fue Eduardo González Arenas, apodado «Eddie», un antiguo legionario que se presentaba ante niños de entre 10 y 14 años como un ser superior. Eddie no afirmaba ser humano; aseguraba ser el Príncipe Alain, un extraterrestre procedente del planeta Delhaiss (también llamado Nazar).
Su discurso era una mezcla hipnótica de esoterismo y milenarismo: anunciaba un fin del mundo nuclear inminente y prometía que los únicos supervivientes serían aquellos «elegidos» que lograran alcanzar la perfección física y espiritual necesaria para viajar a su planeta de origen en una nave espacial.
De las aulas de Chamartín a las montañas

La secta comenzó a gestarse a finales de 1970 en Madrid, bajo el nombre oficial de Asociación Juvenil de Montaña Edelweiss. Su primera sede física estuvo situada en la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en el distrito de Chamartín (específicamente en la Avenida de Pío XII, 31), donde contaban con un local cedido para sus reuniones iniciales.
Desde este punto estratégico, Eduardo González Arenas logró infiltrarse rápidamente en el tejido escolar de la capital. Según los registros del caso, la organización empezó a actuar en cuatro colegios y tres parroquias madrileñas antes de expandirse a otras provincias. «Eddie» seleccionaba cuidadosamente su entorno: centros religiosos y colegios de élite donde residían familias de clase social alta.
Su estrategia era tan efectiva como perversa: utilizaba estos entornos de prestigio para proyectar una imagen de rectitud y valores morales impecables. Esto le permitía ganarse la confianza ciega de los padres, quienes veían en el grupo una actividad deportiva sana que apartaba a sus hijos de los peligros de la ciudad, sin sospechar que estaban entregando a los menores a un entorno de manipulación y abusos.
Boinas Verdes y Camisas Pardas: el camuflaje perfecto

Para captar a sus víctimas, Eddie creó la Asociación Juvenil de Montaña Edelweiss, que funcionaba bajo la apariencia de un grupo similar a los Boy Scouts. Sin embargo, la estructura interna era puramente piramidal y paramilitar. Según los testimonios, los jóvenes pasaban por diferentes etapas:
- Los Rangers: La cara pública de la asociación.
- Edelweiss: El núcleo sectario trasladado desde la anterior asociación.
- Camisas Pardas: Un subgrupo de clara identificación nazi.
- La Guardia de Hierro de Delhaiss: La élite guerrera destinada a proteger al «príncipe» hasta la muerte.
Los niños eran sometidos a entrenamientos brutales, que incluían saltar de furgonetas en marcha, supervivencia en el monte y el uso de machetes y armas de fuego.
El Símbolo de UMMO y la marca a fuego

Uno de los aspectos más inquietantes del caso Edelweiss fue el uso de simbología ufológica. Eddie utilizaba el famoso signo de UMMO (paréntesis invertidos con una raya horizontal y otra perpendicular) para marcar a sus seguidores. Se ha documentado que los miembros de la «Guardia de Hierro» eran marcados a fuego en la axila izquierda con este símbolo, como prueba de su lealtad absoluta al «Gran Alain».
La ideología de la secta mezclaba conceptos de los Testigos de Jehová, la Misión Rama y el nazismo, promoviendo la creencia en una raza aria o pura y despreciando a las mujeres, a quienes consideraban seres imperfectos.
Las conexiones imposibles: Trujillo y las altas esferas

El misterio de Edelweiss no se limitaba a los delirios de un líder psicópata. Las fuentes revelan conexiones sorprendentes que permitieron a González Arenas operar impunemente durante años. Eddie llegó a estar casado con Julia Báez Trujillo, nieta del dictador dominicano Rafael Trujillo, lo que le otorgó una pátina de respetabilidad y contactos económicos que facilitaron su actividad.
Reclutaba a niños de «familias bien» y colegios de élite, lo que a menudo dificultaba las denuncias, ya que muchos padres preferían el silencio para evitar el escándalo público.
El sangriento final del líder en Ibiza

La secta fue desarticulada en 1984 tras una redada en Lisboa. El juicio, celebrado en 1991, fue considerado el mayor proceso por corrupción de menores en España. Eddie fue condenado a 168 años de prisión, pero debido a las leyes vigentes en aquel momento, solo cumplió seis años.
Sin embargo, el destino le tenía guardado un giro final digno de una novela de terror. En 1998, tras salir de la cárcel e intentar reorganizar la secta en Ibiza, Eduardo González fue degollado por Juan Martín García, un joven que había sido víctima de sus abusos un año antes y que había cumplido su promesa de matarlo.
Edelweiss fue una de las sectas más peligrosas de la historia de España. Mezcló la ufología, el fascismo y la pederastia bajo un manto de misterio que tardó décadas en desvelarse por completo.