El asesino de la luna llena

La Granada de finales de 1987 no era solo una ciudad monumental de belleza milenaria; era una capital de provincias que aún respiraba una paz casi ingenua. Esa calma se quebró el 29 de octubre de aquel año, marcando el fin de la inocencia para toda una generación. El contraste fue insoportable: mientras la silueta de la Alhambra se recortaba majestuosa contra el cielo nocturno, en sus faldas de maleza espesa y sombras alargadas se gestaba un sadismo escuálido que sumiría a la ciudad en una psicosis colectiva.

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El caso de Aixa Sánchez: un pliego de cartulina y un destino trágico

Traslado del féretro con los restos mortales cerca de Torres Bermejas. Foto: González Molero

Aixa Sánchez Hita tenía solo 9 años, era la penúltima de seis hermanos y estudiaba 4º de EGB en el colegio La Presentación. Aquel fatídico jueves, salió de su casa en la calle Pintor Velázquez con un encargo cotidiano: comprar un pliego de cartulina para un trabajo escolar. Fue en la frialdad del ascensor de su propio bloque donde se cruzó con su verdugo. Bajo la amenaza de una navaja, fue obligada a caminar por el centro hasta tomar un taxi en el Camino de Ronda. El destino: la cuesta Gomérez, puerta de entrada a los bosques de la Alhambra.

En la oscuridad de Torres Bermejas, un paraje entonces desolado por obras de canalización, el agresor dio rienda suelta a sus instintos. Tras un ataque de naturaleza sexual que no pudo consumar plenamente, la estranguló con sus propias manos. Su cuerpo fue hallado al día siguiente por operarios de saneamiento de agua, semidesnudo y con una macabra firma que helaría la sangre de los investigadores.

La niña que burló a la muerte en la Alhambra

Manifestación después del primer crimen. Foto: Ramon L. Pérez

Seis meses después, el terror de los 80 regresó con una réplica exacta. El 28 de abril de 1988, una estudiante de 14 años del colegio Regina Mundi, fue abordada en el portal de su vivienda en la calle Martínez de la Rosa. El patrón fue idéntico: el ascensor, la navaja y el traslado forzoso al mismo escenario de maleza junto a Torres Bermejas.

El sadismo del asesino se volvió más explícito. Según consta en el sumario, el agresor pasó la hoja de su navaja por los senos de la menor mientras le preguntaba de forma obsesiva si era virgen. Intentó asfixiarla introduciéndole sus propias bragas en la garganta, pero un factor biológico inesperado la salvó: la posición de su lengua evitó la obstrucción total de las vías respiratorias. La niña tuvo la agudeza mental de «hacerse la muerta». Creyéndola cadáver, el asesino la abandonó. A las dos de la madrugada, la joven recobró el sentido y, semidesnuda y tiritando, logró descender hasta la parada de taxis de Plaza Nueva. Su testimonio quirúrgico permitió elaborar el retrato robot definitivo.

La cacería: agentes encubiertos en los bosques de la Alhambra

Asesino luna llena

La captura fue una operación de paciencia y mimetismo. La Policía Nacional, consciente de la «ley no escrita» que dicta que el criminal regresa al escenario del horror, sitió el recinto monumental. Agentes de la Brigada de Policía Judicial se disfrazaron de jardineros, electricistas y operarios de mantenimiento, integrándose en el paisaje de la Alhambra.

El 26 de mayo de 1988, precisamente en una noche de luna llena, los agentes detectaron a un individuo merodeando por la zona de los bosques con una actitud errática. Al verse sorprendido por los agentes camuflados, el asesino no ofreció resistencia. Levantó las manos y rompió el silencio con una confesión espontánea: «¡Yo he sido!». Granada respiró después de siete meses de pavor.

El detenido: José Fernández Pareja, soltero de 21 años que trabajaba como vendedor en el puesto de sus padres en el mercado de San Agustín.

Análisis del perfil psicológico: la firma de la ropa interior y el influjo del Plenilunio

Durante el juicio, intentó refugiarse en el esoterismo. Primero alegó la influencia del Plenilunio y, posteriormente, tras aferrarse a la religión en prisión, afirmó actuar bajo órdenes directas del «maligno» o el demonio para intentar ser declarado incapaz.

Pero el perfil psicológico de José Fernández Pareja revela una patología cimentada en la frustración. Su fijación con menores de 14 años nació de un trauma de castración simbólica: una prostituta se había burlado de sus genitales, asegurándole que «solo podría satisfacer a una niña». Este diagnóstico de impotentia coeundi fue el motor de su odio y su necesidad de dominación.

Rasgos clave de José Fernández Pareja:

  • Impotencia y frustración sexual: La incapacidad física para consumar el acto sexual con adultas derivó en una parafilia sádica hacia víctimas vulnerables.
  • La «firma» macabra: Introducir la ropa interior en la boca no era solo para silenciarlas, sino un ritual de confirmación de muerte para saciar su desazón interna.
  • Doble vida: Durante el día, era un vendedor aparentemente anodino en el mercado de San Agustín; de noche, un depredador que acechaba los portales del centro.

Justicia y sentencia: de la Chancillería a la libertad condicional

El juicio se celebró en 1990 en la Audiencia Provincial de Granada, situada en el histórico edificio de la Chancillería, bajo una atmósfera de linchamiento público. La tensión fue tal que el abogado de oficio, Eduardo Torres, tuvo que entrar por una puerta lateral bajo protección policial tras recibir amenazas de muerte. Un detalle procesal relevante fue el traslado de Fernández Pareja a la prisión de Jaén antes del juicio; se descubrió que un tío materno de la segunda víctima trabajaba como funcionario en la cárcel de Granada, lo que suponía un riesgo directo para la integridad del detenido.

ConceptoDetalle
Condena Original85 años de prisión (Asesinato, rapto y abusos)
Petición Fiscal106 años de prisión
Años efectivos cumplidos16 años (Salió en libertad condicional en 2003/2004)
Pena de destierro10 años (Finalizada totalmente en marzo de 2010)
Situación actualHombre libre. Se cree que reside en Cataluña.

Legado en la cultura popular: Plenilunio y el cine

El impacto del caso trascendió la crónica de sucesos para instalarse en el imaginario cultural. Diez años después, el escritor Antonio Muñoz Molina publicó su aclamada novela Plenilunio, que disecciona la psicología del mal en una ciudad invadida por el miedo.

Posteriormente, fue adaptada al cine en el año 2000 por Imanol Uribe en Plenilunio, con Juan Diego Botto haciendo de Fernández Pareja.

Vídeos sobre el asesino de la luna llena

¿Dónde actuó el asesino de la luna llena?

Torres Bermejas, , 18009 Granada (Granada) España Cómo llegar
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