El origen: el regreso de María de Ximildegui

Todo comenzó a finales de 1608 con el regreso de una joven de veinte años: María de Ximildegui. Tras vivir en Francia, donde la caza de brujas de Pierre de Lancre estaba en su apogeo, María regresó a Zugarramurdi asegurando haber participado en reuniones prohibidas.
Sus relatos sobre vecinos que volaban y adoraban al demonio desataron una epidemia de brujomanía. La delación de María provocó que la comunidad se fracturara: los vecinos irrumpieron en casas buscando pruebas de brujería y más de cincuenta personas terminaron confesando ritos atroces bajo una presión social insoportable.
¿Qué pasaba en el Akelarre?

La palabra Akelarre, que hoy usamos con naturalidad, se popularizó precisamente en este proceso. Según las confesiones —muchas de ellas obtenidas mediante coacción y amenazas—, las brujas se reunían en el «Prado del Cabrón», junto a una impresionante cueva atravesada por el «Arroyo del Infierno».
Los acusados describían actos que parecen sacados de una pesadilla:
- Adoración a Akerbeltz: Un macho cabrío negro que presidía la junta en un trono de oro o madera.
- Poderes sobrenaturales: Metamorfosis en animales, vuelos nocturnos gracias a ungüentos verdes y la capacidad de desatar tempestades para hundir barcos.
- Venenos y maleficios: La fabricación de polvos usando sapos, culebras y hierbas como la belladona para dañar cosechas y ganado.
Hoy sabemos que estas «brujas» eran en su mayoría curanderas y parteras que guardaban tradiciones paganas y conocimientos de medicina popular.
El auto de fe de Logroño de 1610

El clímax de este misterio tuvo lugar en Logroño en 1610. En un espectáculo público masivo que atrajo a más de treinta mil personas, se leyó la sentencia de los acusados.
De los procesados, once personas fueron condenadas a la hoguera (seis vivas y cinco en efigie, por haber muerto ya en prisión). El tribunal afirmaba que era «cosa asentada y averiguada» que los acusados habían renegado de su fe para servir a una secta demoníaca.
Alonso de Salazar y Frías: el inquisidor escéptico

El misterio tomó un giro inesperado gracias a Alonso de Salazar y Frías, conocido como el «abogado de las brujas». Salazar, tras realizar una investigación exhaustiva y aplicar un método casi científico, llegó a una conclusión que escandalizó a sus colegas: «No hubo brujas ni embrujados hasta que se habló y escribió de ellos».
Salazar demostró que las confesiones eran fruto de la sugestión colectiva, el miedo y la tortura aplicada por los propios vecinos. Su informe fue un «monumento a la razón» que logró que la Inquisición dejara de quemar personas por brujería cien años antes que el resto de Europa.
Visitar Zugarramurdi hoy

Hoy, el misterio de las brujas sigue vivo. Puedes visitar:
- Las Cuevas de Zugarramurdi: Un túnel natural de dimensiones catedralicias donde la leyenda dice que aún resuenan los ecos de los antiguos cánticos.
- El Museo de las Brujas: Ubicado en un antiguo hospital del siglo XVII, rinde homenaje a las víctimas de la Inquisición y explica la realidad de la brujería vasca.