El Santón de Baza

Apariciones de la virgen

¿Milagro mariano, sugestión colectiva o neurobiología pura? En la historia de las apariciones marianas y los fenómenos fronterizos en España, que cuenta con episodios tan célebres como las apariciones marianas de Garabandal o la controvertida trayectoria de la iglesia del Palmar de Troya, pocos sucesos resultan tan rocambolescos y trágicos como el vivido en el verano de 1993 en la comarca de Baza, Granada. Lo que prometía ser una jornada de revelación divina y sanación terminó convirtiéndose en una emergencia médica de escala nacional, con decenas de personas sufriendo daños irreparables en sus retinas.

Ver ubicación

El niño de la «puerta de luz» y el origen del Santón

Para comprender el fenómeno, debemos viajar a 1973, año en el que, tras una inusual gestación de diez meses, nació Esteban Sánchez Casas, hoy conocido popularmente como el «Santón de Baza» o «Esteban de la Soledad».

Su primer encuentro con lo insólito ocurrió a los seis años de edad (1980), mientras jugaba al escondite con unos amigos. Según su propio testimonio, una extraña luz surgió de la nada a modo de puerta, de la cual emergió un hombre alto con túnica blanca, barba y melena que les sonrió diciendo: “NO TEMÁIS…”. Los niños huyeron despavoridos, pero esa no sería su última experiencia.

A los once años, tras experimentar una curación milagrosa en su propia persona, Esteban aseguró haber recibido la visita de la Virgen («Nuestra Madre»), quien le encomendó la misión de curar a los enfermos imponiéndoles las manos y guiando tanto sus cuerpos como sus almas en calidad de «obrero de Dios en la Tierra». Sencillo y humilde, Esteban se refugió en su casa-cueva con su familia, atendiendo a una masa de fieles que generó listas de espera de hasta dos años en su domicilio de las Cuevas de los Garfios. Todo ello, curiosamente, a pesar de padecer una enfermedad que le provoca dolores atroces.

La tarde del desastre solar: Verano de 1993

Entorno de la fuente de la Teja

El momento culmen —y más polémico— de su carrera aconteció la tarde de un jueves en el verano de 1993, en el paraje de la Fuente de la Teja (zona de Siete Fuentes, Baza). Esteban anunció que la Virgen se aparecería públicamente ante la multitud. Atraídas por su inmenso poder de convocatoria, cerca de 3.000 personas de todos los rincones de España (desde Madrid y Barcelona hasta Sevilla, Málaga y Almería) colapsaron el lugar.

Siguiendo las instrucciones del joven curandero de entonces 20 años, los fieles permanecieron casi media hora mirando fijamente al sol para presenciar el milagro. Las consecuencias fueron inmediatas y devastadoras:

  • Los servicios de Urgencias del Hospital Comarcal de Baza se vieron desbordados por pacientes con cuadros severos de retinitis foveo macular, fotofobia, escotomas, visión borrosa y cefaleas.
  • Entre 30 y 40 personas sufrieron graves quemaduras en la retina.
  • Al menos ocho casos presentaron lesiones de extrema gravedad, sufriendo una pérdida irreversible de hasta el 45% de su agudeza visual.

Fieles como Antonio, de 30 años, relataron con espanto cómo miraron al sol durante media hora viendo mezclas de colores verdes y rojos, para luego descubrir que ya no podían distinguir la cara de las personas. Los médicos del centro hospitalario emitieron cuatro partes de lesiones directamente al Juzgado de Guardia Número 2 de Baza ante la gravedad de la situación.

La respuesta del Santón: «Les faltó fe»

Lejos de asumir responsabilidad o retractarse, Esteban Sánchez Casas defendió públicamente la naturaleza de los hechos desde su domicilio. El curandero atribuyó las lesiones oculares a una falta de fe espiritual de los propios asistentes:

«Es posible que a las personas que dicen tener ahora problemas por mirar al sol Dios les hiciera una prueba y no la han sabido superar. Si les pasó algo en la vista es porque no tenían fe en que iba a aparecer la Virgen».

Aseguró que a él no le ocurrió nada en los ojos, alegando que se marchó justo cuando la Virgen «quitó el manto del sol».

La explicación científica: El secreto del «aura» bajo el microscopio

Durante años, los seguidores del Santón aseguraron que el curandero poseía la facultad paranormal de «ver el aura de las personas» y experimentar el sufrimiento ajeno. En 2012, investigadores del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada (UGR) decidieron someter estas capacidades a un riguroso examen científico.

El estudio, liderado por los profesores Óscar Iborra, Luis Pastor y Emilio Gómez Milán, y publicado en la prestigiosa revista académica Consciousness and Cognition, arrojó luz sobre el misterio. El Santón de Baza no era un farsante, pero tampoco poseía poderes sobrenaturales. Su secreto se llama sinestesia.

Neurológicamente, Esteban padece un «cruce de cables», es decir, conexiones sinápticas inusuales que comunican regiones cerebrales que habitualmente están separadas:

  1. Sinestesia caras-color: Su zona cerebral encargada del reconocimiento de rostros está asociada directamente con la de los colores. Al mirar a una persona, su cerebro asocia su rostro a un color específico de manera automática. Esto es lo que él y sus seguidores interpretaban subjetivamente como «ver el aura».
  2. Sinestesia tacto-espejo: Una condición de alta empatía física. Cuando Esteban observa a alguien experimentar un dolor o ser tocado, su cerebro activa las mismas áreas sensoriales, sintiendo él mismo ese dolor en su propio cuerpo.
  3. Esquizotipia: Rasgos de personalidad sanos con tendencia a formas atenuadas de paranoia y alucinación.

La combinación de estas singulares características neurológicas le dotó de un sistema de creencias místicas muy arraigado, una capacidad asombrosa de lectura emocional y una empatía real hacia el dolor ajeno. Todo esto, sumado al tremendo efecto placebo que genera la fe en sus seguidores, explica por qué miles de personas sentían un alivio inmediato al ser tratadas por él. Como señalaron los expertos de la UGR, los curanderos sinéstetas experimentan una «visión coloreada con fuegos artificiales de la realidad», pero es una percepción subjetiva y un autoengaño, no una alucinación ni un poder extrasensorial.

¿Misas y sacramentos? El estatus de Esteban ante la Iglesia

Una de las capillas edificadas por el Santón

Ante los vídeos de procesiones o capillas repletas de devotos, surge a menudo la duda: ¿oficia Esteban de la Soledad verdaderas misas? La respuesta de las autoridades eclesiásticas es tajante: el «Santón de Baza» no tiene ningún estatus oficial ni reconocimiento dentro de la Iglesia Católica. Esteban no es un sacerdote ordenado y, por tanto, carece de cualquier facultad litúrgica para consagrar u oficiar sacramentos católicos legítimos.

A pesar de que en sus plataformas oficiales se aluda a términos como «Sacramentos», cualquier ceremonia o rezo que Esteban realiza en sus templos construidos —como la ermita de las Siete Fuentes o la de la Fuente de la Teja— posee un carácter estrictamente privado, informal y al margen de Roma. Sus fieles acuden en busca de una imposición de manos o de guías místicas que él mismo atribuye a la Divina Providencia en su papel autoproclamado de «obrero de Dios en la Tierra», pero la jerarquía católica se mantiene completamente al margen y nunca ha reconocido la veracidad de sus supuestas visiones.

El Santón en la actualidad

A pesar del desastre solar y del escándalo judicial de 1993, el fervor de sus seguidores no se apagó. Al contrario, Esteban Sánchez Casas ha mantenido una inmensa masa de devotos que durante años generaron listas de espera de hasta dos años para recibir sus imponentes consultas y tratamientos espirituales en su casa-cueva de las Cuevas de los Garfios, donde se refugia con su familia.

Hoy en día, el paraje de las Siete Fuentes es el epicentro de su legado. Cada primer fin de semana de agosto, miles de fieles se congregan en Baza para celebrar la romería de la Virgen de la Soledad y el Niño Perdido. El folclore de la celebración es inconfundible: las imágenes marianas procesionan y entran a su ermita bajo una atmósfera festiva y pintoresca, mecidas al compás de canciones interpretadas por la tuna y la célebre melodía pop “Corazón contento” de Palito Ortega.

La historia del Santón de Baza permanece así en la frontera de la mitología popular española: un laberinto donde la devoción mariana de masas, la tragedia física de un «milagro» solar, los misterios de la neurobiología y el misticismo informal se entrelazan de forma indisoluble.

Cuando la fe ciega arriesga la salud y la vida

Más allá de las sorprendentes revelaciones de la neurobiología sobre la sinestesia, casos como el del Santón de Baza o el del curandero Andrés Ballesteros dejan al descubierto una lección sombría y urgente sobre el peligro de los falsos profetas. La necesidad humana de encontrar esperanza ante la enfermedad o el sufrimiento genera una vulnerabilidad extrema, de la que a menudo se aprovechan figuras que carecen de escrúpulos o de cualquier tipo de preparación médica oficial.

Estas dinámicas de fe y sugestión no son exclusivas de Baza; ya las hemos analizado al abordar el fervor y las polémicas en torno a la aparición de la virgen de El Escorial o los misteriosos relatos sobre la virgen del Cuartón.

En el caso de Baza, la entrega ciega a estas directrices marianas resultó en retinas irreversiblemente dañadas y pérdidas masivas de visión para decenas de personas; en otros casos similares, las consecuencias han sido aún más trágicas, llegando a provocar la muerte de pacientes que decidieron abandonar tratamientos médicos de probada eficacia en aras de promesas milagreras sin fundamento.

Vídeos sobre el Santón de Baza

¿Dónde ejerce el santón de Baza?

, , 18800 Baza (Granada) España Cómo llegar
Pulsa para interactuar con el mapa