¿Quién era el psicópata del Zapillo? Perfil de un depredador

El apodo del criminal surge de los lugares donde abandonaba los cuerpos —barrancos, acantilados y arcenes— y del barrio almeriense donde captaba a sus víctimas: el Zapillo.
Según las fuentes, los investigadores perfilaron al sospechoso como un hombre blanco, de complexión corpulenta, de entre 30 y 50 años, posiblemente casado y con un gran conocimiento del terreno, lo que le permitía trasladar los cuerpos a puntos de difícil acceso como vertederos o acantilados de más de 40 metros. Algunos expertos sugieren que podría tratarse de alguien solitario con un fetichismo marcado por el color rojo.
Las víctimas invisibles de Almería

Uno de los aspectos más trágicos de este caso fue el perfil de las víctimas: mujeres jóvenes, frecuentemente morenas, de baja estatura (alrededor de 1,50 – 1,60 m), que ejercían la prostitución y, en muchos casos, sufrían adicciones. Esta vulnerabilidad provocó que, durante años, la sociedad y los medios minimizaran los hechos, considerándolas «víctimas invisibles».
Cronología de una serie de horrores:
- 1988. Purchena: El primer cuerpo hallado fue el de una mujer de 30 años no identificada en una cuneta, con golpes en la cabeza y síntomas de estrangulamiento.
- 1989: En menos de tres semanas aparecieron María del Carmen Heredia (estrangulada en Vélez-Rubio) y Carmen Dolores Sandmeyer (arrojada por los acantilados de Aguadulce), ambas de 24 años.
- 1991. Punta Entinas: Dos agricultores hallaron un cuerpo en avanzado estado de descomposición en la «Charca de la Guarra». La víctima solo vestía un sujetador rojo.
- 1992. María Jesús Muñoz, «La Tamara», de 28 años fue arrojada desde un acantilado de 40 metros en Almerimar. En la escena se hallaron preservativos usados y cáscaras de naranja.
- Enero de 1993. María Leal, embarazada, desapareció tras subir a un coche azul oscuro. Su cuerpo fue hallado en unos cañaverales junto a la playa de Aguadulce.
- Julio de 1993. Khadija Monsar «la Katty», de origen marroquí, fue hallada semienterrada en El Ejido con marcas de haber sido atada y la boca tapada con cinta aislante.
- 1994. Nadia Hach Amar, oriunda de Melilla y de 27 años, aparece desnuda y estrangulada a espaldas del campo de futbol de la barriada de la colonia de Los Ángeles.
- 1996. Aurora Amador, de 40 años, fue localizada por un pescador en la playa del Palmer entre unos acantilados. Estaba desnuda y con el cuello partido.
- 1998. Mónica García, la última víctima probable. Su rostro fue desfigurado a pedradas en el paraje de la Molineta.
Modus operandi: la firma del asesino

El criminal seguía un patrón casi ritual que permitió a la Guardia Civil agrupar varios casos en la Operación Indalo:
- 1. Captación: Las recogía en su vehículo en las zonas del Zapillo o La Pescadería durante las noches de fin de semana.
- 2. Ejecución: La causa de muerte solía ser el estrangulamiento o golpes contundentes en el cráneo.
- 3. Simbolismo: Los cuerpos aparecían a menudo desnudos o semidesnudos, conservando únicamente el sujetador o zapatos de color rojo, lo que sugiere un posible fetiche.
- 4. Traslado: Movía los cadáveres hasta 150 km de distancia para dificultar la investigación.
Operación Indalo y los principales sospechosos

A pesar de la falta de pruebas biológicas —el ADN era una tecnología incipiente en España en esa época—, la policía tuvo objetivos claros:
- El funcionario de prisiones: Fue el sospechoso más sólido. Tenía antecedentes por violencia sexual y poseía un Opel Corsa gris, modelo en el que testigos vieron subir a una de las víctimas, Aurora Amador. Aunque fue interrogado, nunca hubo pruebas suficientes para procesarlo y hoy ya ha fallecido.
- Volker Eckert: Un camionero alemán y asesino en serie confeso en Europa. Aunque pasó por Almería, fue descartado porque sus rutas no coincidían con las fechas de los crímenes locales.
Un misterio enterrado por la prensa
A diferencia de otros casos mediáticos de los 90, como las niñas de Alcàsser, el asesino de los barrancos apenas ocupó espacio en la prensa nacional, con la excepción del semanario El Caso. La marginalidad de las víctimas y la falta de denuncias por desaparición permitieron que el asesino operara impunemente durante casi una década. A día de hoy, todos los asesinatos están prescritos.