El origen: las tertulias de «La Ballena Alegre»

La historia de Ummo no se entiende sin las reuniones en el sótano del Café Lion, en la calle Alcalá de Madrid. Allí, en la tertulia conocida como «La Ballena Alegre», el ufólogo Fernando Sesma comenzó a compartir cartas mecanografiadas que recibía de supuestos emisarios del planeta Ummo.
Estos seres se identificaban como «ummitas» y afirmaban haber aterrizado en la Tierra por primera vez en 1950, cerca de los Alpes franceses. Según sus relatos, procedían de un planeta que orbitaba la estrella Iumma (identificada por algunos como Wolf 424), situada a unos 14,4 años luz de la Tierra.
El símbolo y las cartas: una ciencia «demasiado» avanzada

El distintivo más famoso de este caso es el símbolo de Ummo: una especie de letra «H» con barras laterales curvas. Este signo aparecía tanto en los informes como en la panza de los supuestos platillos volantes.
Lo que hacía a Ummo diferente de otros casos de contacto era la profundidad técnica de sus mensajes. Las cartas contenían diagramas complejos, conceptos de física cuántica (como los «ibozoo uu» o ejes dimensionales) y descripciones detalladas de su estructura social y filosófica. Muchos estudiosos se sorprendieron por el nivel intelectual de los informes, que a menudo citaban datos científicos publicados en revistas extranjeras de difícil acceso en la España franquista.
San José de Valderas: el avistamiento que paralizó Madrid

El 1 de junio de 1967, el fenómeno alcanzó su clímax con el famoso avistamiento sobre los castillos de San José de Valderas, en Alcorcón. Días antes, una carta ummita había predicho la llegada de una nave a esa zona exacta.
Aparecieron fotografías de un disco volador con el símbolo de Ummo, capturadas por un fotógrafo anónimo. Aunque análisis posteriores de la Guardia Civil y expertos internacionales sugirieron que podría tratarse de una maqueta suspendida por hilos, el debate sobre la autenticidad de las imágenes persiste hasta hoy.
La confesión de Jordán Peña: ¿Un experimento sociológico?

En 1993, el misterio pareció resolverse de forma definitiva. José Luis Jordán Peña, psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Parapsicología, confesó haber sido el creador del fraude.
Afirmó que Ummo fue un experimento para estudiar la credulidad humana y que él mismo redactó las cartas y fabricó las maquetas para las fotos. Según su versión, aprovechó sus viajes al extranjero para enviar correspondencia con matasellos internacionales y así dotar de realismo a la historia.
A pesar de la confesión, el «caso Ummo» se niega a morir. Su hijo, José Luis Jordán Moreno, ha defendido recientemente que su padre fue presionado para autoinculparse y que «Ummo existe» realmente.
Incluso figuras como el escritor J.J. Benítez han mantenido posturas críticas hacia la versión del fraude absoluto, sugiriendo que la complejidad de la información recibida era imposible de generar por una sola persona sin apoyo externo o incluso de inteligencia extraterrestre.
De la ciencia ficción a la secta Edelweiss

Lamentablemente, la mitología de Ummo también fue utilizada para fines criminales. La secta Edelweiss, liderada por Eduardo González Arenas, utilizó los símbolos y la jerga ummita para captar y abusar de decenas de menores en los años 80, presentándose como una «élite de contacto cósmico».
Hoy en día, el Caso Ummo sigue vivo a través de redes sociales, hilos de Twitter (X) y nuevos documentales. Ya sea como un fascinante ejemplo de construcción de leyendas urbanas o como un contacto alienígena filtrado, Ummo sigue siendo la «españolada» ufológica más grande jamás contada.